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La estructura de clases en el Ecuador contemporáneo: una aproximación estadística

Actualizado: 30 de jul de 2018

Miguel A. Ruiz Acosta, docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la UCE.


1. El cuadro general


Dejando de lado la complejidad teórica que supone pensar la categoría clase social, en este documento tomaremos como punto de partida la diferenciación propuesta por Erik Olin Wright entre estructura de clases y formación de clase: la estructura hace referencia a la situación en que se encuentran grandes grupos humanos en el complejo entramado de las relaciones de producción; mientras que la segunda describe “la formación de colectividades organizadas dentro de aquella estructura sobre la base de los intereses prefigurados por esa misma estructura…” (1994: 6). De entre los pensadores de la estructura o situación de clase, tal vez sea Lenin quien haya esbozado de mejor manera unos criterios relativamente sencillos y pertinentes que nos permiten acercarnos al estudio de aquella. De acuerdo a ese autor, la estructura clasista de la sociedad moderna puede ser pensada a partir de la articulación de cuatro criterios fundamentales: a) el lugar que ocupan los sujetos en el sistema de producción (relaciones de explotación y dominio); b) sus relaciones con la propiedad de los medios de producción; c) su papel en la organización social del trabajo (control, planificación, ejecución…); d) la modalidad bajo la cual perciben parte de la riqueza social (salario, ganancia, renta…).


Teniendo en cuenta lo anotado, en lo que sigue formularemos una propuesta que intenta caracterizar la estructura clasista en el Ecuador contemporáneo. Desde el punto de vista más general (más grueso) la situación se nos presenta de la siguiente manera: Clases polares: burguesía (terrateniente[1] y no terrateniente) y proletariado o clase trabajadora (en activo y en reserva, también llamado aquí subproletariado). Grupos sociales en situación de clase híbrida/transitoria: pequeños propietarios, incluyendo al campesinado y a otros grupos de la pequeña burguesía propietaria (artesanos, profesionistas en libre ejercicio, etc.); pequeña burguesía no propietaria (ejecutivos, burócratas, administrativos, etc.). Sobra decir que cada una de las clases posee una heterogeneidad cualitativa de enormes dimensiones, por lo que existen múltiples estratos y fracciones de clase, de acuerdo a los lugares específicos en los que se ubican sus miembros en la división social y técnica del trabajo, así como a su tamaño, ingresos, etc.


El cuadro y los gráficos que se muestran a continuación retoman y reelaboran lo avanzado por John Cajas quien, tomando como universo a los cerca de 7 millones de personas que conformaban la población ocupada en 2014 de acuerdo a la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) del INEC, agrupó a la totalidad de esa población en diferentes categorías, de acuerdo a algunos criterios estadísticos que expresan de forma aproximada aquellos anotados por Lenin.[2] Las categorías de Cajas fueron reagrupadas de acuerdo a nuestra propia interpretación teórica, para construir un cuadro panorámico sobre la estructura de clases en el Ecuador contemporáneo; estructura que, como aquel autor reconoce, no ha cambiado sustantivamente durante los últimos tres lustros.


La información que se presenta pone la atención en los siguientes aspectos de dicha estructura: a) su composición numérica; b) su peso en relación a la totalidad social del mundo del trabajo; y c) las características principales de cada clase y fracción de clase en función de los cuatro elementos anotados por Lenin. No está de más insistir en que lo que se muestra es un esquema altamente simplificado de una estructura de clases que es altamente compleja y heterogénea, con no pocas relaciones de clases híbridas, inserciones individuales de clase múltiples o de transición, etc. Por tanto, las categorías sugeridas no deben ser tomadas como cajones clasificatorios rígidos, sino como una propuesta de aproximación a las diferentes formas de manifestación de las relaciones de clase principales.


Nota del Editor: el trabajo infográfico fue elaborado por Nathaly Pinto



* Dueños de pequeños establecimientos de entre 2 y 5 trabajadores, trabajando ellos mismos al lado de sus empleados.

Nota: Ver detalle numérico de cada categoría en AE.11

Fuente: Elaboración propia con datos de la ENEMDU 2014 del INEC recabados por Cajas (2015).


Clases y fracciones de clase en el Ecuador contemporáneo


Nota: El segundo gráfico no incluye a los trabajadores “no clasificados”.

Fuente: Elaboración propia con datos de la ENEMDU 2014 del INEC recabados por Cajas (2015)

La información presentada muestra de manera clara el gran peso que tiene el proletariado o clase trabajadora ecuatoriana en sus dos grandes formas de existencia (como ejército en activo y en reserva). Aunque vale la pena precisar que, dadas las características histórico-estructurales de una sociedad como la ecuatoriana —situación compartida por la gran parte de las naciones de la periferia— una proporción muy alta del ejército en reserva difícilmente pasa a formar parte (incluso en los momentos de auge económico) del proletariado en activo, permaneciendo durante la mayor parte de su vida como trabajadores en situación de informalidad, cuentapropismo marginal o, en su defecto, bajo relaciones de dependencia indirecta con capitales particulares, encubiertas bajo formas de trabajo que aparecen como “autónomas” o “independientes” en el mercado de trabajo, pero que ocultan diversas formas de dependencia no salarial del capital, como son los casos de los vendedores al detalle de un sinfín de mercancías (ropa, cosméticos, etc.) que se ofertan en circuitos complementarios a los del comercio formalmente establecido. Así, a contrapelo de buena parte de los discursos contemporáneos que pregonan el declive secular del proletariado, los datos anteriores nos permiten ver con claridad su enorme peso en la formación social ecuatoriana contemporánea, como lo exploramos con mayor detalle en el apartado siguiente, dejando para otro momento el análisis tanto de la burguesía como del resto de clases y fracciones de clase en situación híbrida o transitoria: pequeños propietarios, campesinos, artesanos, profesionistas en libre ejercicio, pequeña burguesía no propietaria, etc.


2. El proletariado o clase trabajadora


De entre la enorme multiplicidad de los sujetos que, como diría Antunes (2013) “viven del trabajo”, ¿quiénes son los que forman parte del proletariado propiamente dicho? Entre los marxistas se ha dado una enorme variedad de respuestas a esta interrogante. Para avanzar en una respuesta propia creemos necesario exponer algunas consideraciones preliminares.


En primer lugar consideramos que lo central en la determinación de la condición proletaria tiene que ver, más que con la relación salarial en sí misma, con un proceso histórico-global de despojo de las condiciones y los medios de vida de un enorme conjunto de poblaciones que, teniendo origen en los más diversos modos de producción, al entrar en contacto con el modo de producción capitalista tienden a ser subordinadas (directa o indirectamente) a las relaciones sociales totales (económicas, políticas, culturales) del modo de producción capitalista. Esta perspectiva nos permite reformular la pregunta sobre el proletariado o clase trabajadora en términos un tanto diferentes a como suele ser planteada la cuestión. Tal vez sea más fructífero preguntarse sobre cuáles son los distintos grados de proletarización en los que van siendo subsumidos los grupos sociales en cada coyuntura espacio-temporal específica, en el entendido de que históricamente han existido muchas variantes cualitativas de transición de una condición social a otra, algunas de las cuales nunca llegan a realizarse por completo, por lo que resultan en grupos humanos con frecuencia atravesados por relaciones de clase que podríamos nombrar —a falta de una mejor expresión— híbridas o transitorias.


Esta situación, si bien nada nueva a escala planetaria, cobra mucho mayor sentido en las periferias del sistema mundial, donde el peso de aquellos grupos es relativamente más alto que en los centros del sistema-mundo. Así, por ejemplo, además de todos aquellos sujetos a quienes casi nadie se atrevería a negarles su condición proletaria, en nuestros países existen enormes contingentes de campesinos, artesanos, pequeños comerciantes… cuya vida suele estar en los linderos de la proletarización. Por eso, cualquier esfuerzo por demarcar límites en extremo rígidos sobre la condición proletaria (o de cualquier otra clase) está destinado al fracaso. Sin embargo, tampoco ayudan demasiado aquellas propuestas que tiende a borrar casi por completo la especificidad de esa relación de clase, por lo que es necesario asumir una postura que sea a la vez suficientemente rigurosa conceptualmente, pero que también dé cabida a las situaciones transitorias o de hibridez a las cuales nos hemos referido.


Con esas precauciones podemos avanzar en una delimitación que, pensamos, es más o menos fiel al planteamiento original de la Crítica de la Economía Política. Entonces, cuando hablamos de proletariado hacemos referencia, en primer lugar a aquella enorme masa sumamente heterogénea de trabajadores que, careciendo de medios de vida propios, tienen una relación laboral directa (asalariada o no; permanente o temporal) con los capitales privados, con independencia del ramo en que éstos se desempeñen, con la clara excepción de los estratos más altos de trabajadores (ejecutivos, gerentes, etc.) quienes, por su situación estratégica en los procesos de producción, ejercen funciones de planificación, dirección y control del trabajo, por lo que pueden ser considerados como fracciones auxiliares del capital, aunque sean asalariados.[3] Otro tipo de asalariados que escaparía a la condición proletaria, aunque de forma no tan clara como los anteriores son los administrativos, los que serían —al igual que los anteriores— parte de la pequeña burguesía no propietaria (o asalariada). Así, descontando las dos subcategorías de asalariados antes mencionados, la sección más grande del proletariado ecuatoriano (empleados privados) estaría conformada por 2,8 millones de personas: alrededor de 40% del total de la fuerza de trabajo ocupada en 2014. Por el contrario, tal vez sea pertinente incluir como parte de la clase trabajadora a aquellos asalariados del sector público que se desempeñan en las ramas que producen valores de uso mercantiles o semi mercantiles (servicios de telecomunicaciones, electricidad, agua, etc.) y no mercantiles (salud y educación públicas) quienes, de acuerdo a los datos de Cajas eran poco más de 300 mil en ese mismo año, siendo 4,4% de los trabajadores ocupados. En la literatura marxista, a este primer grupo de trabajadores se le conoce bajo el denominador común de ejército en activo, y su número suele aumentar en términos absolutos durante los periodos de auge de la acumulación; y, como lo previó Marx en su Ley General de la Acumulación Capitalista, en el largo plazo su tendencia global es hacia el crecimiento en términos relativos; es decir, como proporción respecto al resto de clases en proceso de disolución.[4] En el Ecuador contemporáneo esta parte activa de la clase trabajadora sumaría 3,1 millones de personas: 45% del total de ocupados hacia 2014.


Pero aquéllos no son los únicos que integrarían la clase trabajadora: proletarios también son aquellos grupos humanos que, habiendo sido despojados (parcial o totalmente) de las condiciones y medios de vida propios y suficientes para su reproducción (condición que comparte con el proletariado en activo), su trabajo tampoco está en relación de subsunción directa con el capital. Aquí podemos contabilizar a la mayoría de los desempleados, subempleados, y a los trabajadores en situación de informalidad (vendedores ambulantes, laborando en las calles, no remunerados, etc.) y a las y los “empleados domésticos”. Algunos de ellos logran inserciones temporales al mercado de trabajo formal, sobre todo durante los auges económicos. Sin embargo, en los países periféricos, la mayoría de ellos permanece durante buena parte de su vida laboral (frecuentemente más larga que la del proletariado en activo, pues comienzan a trabajar antes, y nunca se jubilan) por fuera de los mercados formales de trabajo; como excluidos o semiexcluidos; ellos son los soldados del ejército en reserva, también llamados frecuentemente subproletarios. De acuerdo a la información recabada, en 2014 las diferentes fracciones del ejército de reserva habrían sumado alrededor de 1,5 millones de personas: 22% del total de ocupados; es decir, la mitad del proletariado en activo, por lo que, en conjunto, el número de personas que de una u otra manera formarían parte de la clase trabajadora ecuatoriana, es de más de 4 y medio millón de ocupados: 66% del total de ocupados. En síntesis, desde el punto de vista de la reproducción del capital, la tarea de los primeros (proletariado en activo) es la de producir plusvalor y ayudar a que éste sea distribuido entre las diferentes fracciones del capital social global; mientras que la de los segundos es la de fungir como válvula de contención de las luchas proletarias, así como servir de mano de obra suplementaria en los ciclos de auge y, en cualquier época, asumir tareas complementarias de distribución de mercancías a través de circuitos no formales.


Tomando un universo ligeramente diferente al anterior (el de los 3,3 millones de empleados en el sector privado durante 2015)[5] podemos hacer otro tipo de aproximación a la composición de la clase trabajadora ecuatoriana, desde el punto de vista de la división social del trabajo en la cual participa. Lo primero a destacar es la fuerte presencia del proletariado rural (agricultura, ganadería, pesca, acuicultura, etc.) el cual, por sí solo, representa casi la cuarta parte del total de trabajadores asalariados del sector privado del país, sumando 760 mil personas: 700 mil en agricultura y ganadería; 50 mil en pesca y acuacultura y 10 mil en silvicultura. Lo anterior es consistente con lo presentado en el acápite anterior respecto a la importancia del eje de los agronegocios en el Ecuador; recordemos que tan sólo en el sector bananero se calculan alrededor de 130 mil empleos entre temporales y ocasionales.


El proletariado ecuatoriano+, de acuerdo a principales ramas de actividad, 2015.





+ Incluye al total de “Asalariados del sector privado” y “Jornaleros o peones” de todas las ramas de actividad, excepto la de “hogares con servicio doméstico”.

*Suministro de electricidad, gas y agua; actividades inmobiliarias; administración pública, defensa y seguridad social; otros servicios.

Fuente: Elaboración propia con datos de ENEMDU, 2015.


Como se aprecia en el gráfico, también es significativamente abultado el peso del proletariado comercial, es decir, aquél que labora para los capitales que trafican con mercancías de todo tipo y en cualquier escala, con cerca de 20% de participación. Entre éstos, vale la pena mencionar a los 100 mil que trabajan en la venta y reparación de automóviles y sus partes; a los casi 20 mil que laboran en los supermercados de mayor tamaño; a los poco menos de 13 mil empleados de las cadenas de farmacias; así como a los 3 mil de los centros de distribución de insumos agrícolas. En total, unas 560 mil personas conformarían este contingente del ejército en activo. También sobresale el proletariado de la construcción con 355 mil integrantes, conformados en buen grado por fuerza de trabajo de origen rural que ha migrado (temporal o permanentemente) a las ciudades.


Por su parte, el proletariado industrial en el sentido más restringido (aquél que se desempeña en cualquier subrama de la manufactura), posee una participación aproximada de 14% del total (con 480 mil miembros). Entre estos últimos destacan los de la industria agroalimentaria: 163 mil, y los de la industria textil: 57 mil. Otro contingente importante es el del proletariado del transporte (terrestre): 130 mil personas. Finalmente, también son de considerar otras fracciones del proletariado de servicios privados: en educación, más de 100 mil trabajadores; en salud privada, más de 60 mil; a los cuales habría que agregar los de otra de las ramas que ha crecido de forma acelerada durante los últimos tiempos: la industria de la seguridad y la vigilancia privada, en donde trabajan casi 89 mil habitantes del país.


De acuerdo a las acotaciones teóricas antes señaladas, a este primer gran contingente de más de 3 millones de personas deberíamos sumar a los cerca de 400 mil asalariados del sector público que trabajan en ramas consideradas productivas, creadoras o transformadoras de valores de uso.[6] De entre éstas destaca la educación pública, donde laboran más de 200 mil personas; el sector salud, con 80 mil miembros; el suministro de electricidad, gas agua y otros servicios públicos con cerca de 30 mil empleados; los casi 9 mil trabajadores de las empresas petroleras públicas; los poco más de 8 mil que trabajan en labores de transporte y almacenamiento a cargo del Estado y los más de 7 mil en las empresas de comunicaciones públicas. Pese a la heterogeneidad interna (contractual, salarial, de calificación, etc.) este grupo de trabajadores comparte un rasgo común: gestiona y mantiene en funcionamiento cotidiano al grueso de las fuerzas productivas generales y es clave para la reproducción de la población en su conjunto. Por tanto, pese a su número reducido respecto al total de la fuerza de trabajo ocupada, ocupa un lugar estratégico en el entramado social, siendo potencialmente un grupo aliado clave en las luchas del resto de la clase trabajadora.


Hasta aquí hemos puesto énfasis en la heterogeneidad del proletariado en activo de acuerdo a la división social del trabajo. Sin embargo, el proletariado también es heterogéneo desde muchos otros puntos de vista: de acuerdo la división técnica del trabajo en cada una de las empresas; a su modalidad de contratación y a los derechos que lo protegen; a sus remuneraciones; a su situación organizativa, etc. Dar cuenta de cada una de estas diferenciaciones internas es sumamente relevante para la investigación social y la lucha política, pero rebasan con mucho nuestros recursos disponibles. Lo anotamos aquí porque la mayoría de los estudios sociales que se hacen en la actualidad en el país no han prestado suficiente atención a esta compleja realidad. Hacen falta investigaciones que miren con lupas más finas la conformación económica y política-cultural del proletariado, y de otras clases que viven de su trabajo. Por nuestra parte, sólo destacamos una de las muchas diferenciaciones internas que nos parecen más relevantes y sobre las que sí disponemos algunos datos. Nos referimos a aquella diferenciación que resulta de tener vínculos laborales con capitales de distintos tamaños: no es lo mismo ser un empleado de una pequeña panadería de propiedad familiar, por poner un ejemplo, que serlo de una gran cadena de supermercados o de una petrolera. Las posibilidades de organización, negociación y lucha que se presentan a cada uno de los diferentes segmentos, considerados desde este punto de vista, son muy diversos. Cruzando los números correspondiente al año 2015 de bases de datos con universos diferentes (ENEMDU; DIEE-LDLE del INEC; y la lista de las 500 empresas más grandes de la Superintendencia de Compañías) obtenemos la siguiente información que, pese a las precauciones que hay que tomar dados los diferentes orígenes estadísticos, nos permiten hacernos una idea aproximada de la relación entre el número y tamaño de las empresas, por un lado, y la fuerza laboral que ocupa, por el otro.


Empresas y trabajadores* de acuerdo al tamaño de las mismas, 2015


* Mayoritariamente proletariado, aunque también incluye a gerentes, directivos y otros cargos superiores

** Corresponde al número de trabajadores afiliados a la seguridad social, salvo los del “Total del sector privado” y los de las 500 y 50 más grandes, pues no se registra si están o no afiliados. Por esta misma razón, el número total de trabajadores de las microempresas está altamente subestimado, ya que acá no se contabilizan los miles de empleados que no están dados de alta en la seguridad social los cuales deben ser, al menos, tantos como los asegurados, por lo que estimamos que en el amplio universo de microempresas laboran alrededor de 1.400.000 personas o, lo que es lo mismo, alrededor de la mitad del total de trabajadores del sector privado.

Fuente: Elaboración propia con información de: (a) Enemdu, para número de trabajadores totales; (b) DIEE-LDLE; (c) Superintendencia de Compañías.


La estructura jerarquizada tan alta de los capitales que operan en el país es muy clara; y, por tanto, también de las diferentes fracciones del proletariado de acuerdo al criterio arriba señalado. En los dos extremos del espectro se encuentran: a) las microempresas o negocios familiares que son la abrumadora mayoría numérica de unidades privadas de inversión (91%), pero que en su conjunto contratan –estimamos– a más o menos la mitad del total de trabajadores que laboran en el mundo empresarial privado, con un promedio aproximado de 2 trabajadores por cada microempresa; y, en el polo opuesto, b) un minúsculo grupo de 500 empresas (0,1% del total), pero con una altísima concentración de mano de obra a su disposición, pues alrededor de 10% del total de aquélla está bajo su mando; o, lo que es lo mismo, con un promedio por unidad empresarial de cerca de 600 trabajadores. Si llevamos el recorte más lejos aún, y si en vez de considerar las 500, tomamos las 50 más grandes (0,01%), la concentración es aún mayor, pues en ellas el promedio de trabajadores es de más del doble que en las anteriores: más de 1700 personas por cada una de esas compañías de la cúspide de la pirámide. Por el contrario, si tomamos un universo un poco más amplio, pero aún altamente concentrado (el de las 3.200 grandes empresas del país, 0,4% del total), la concentración continúa siendo muy alta (230 trabajadores en promedio por unidad empresarial). Estos pocos millares de grandes empresas tienen a su disposición a casi la cuarta parte de la totalidad de los trabajadores del mundo empresarial privado del país: casi 750 mil personas.


El otro gran contingente del proletariado lo constituye el llamado ejército de reserva o subproletariado (vendedores ambulantes, trabajadores ocasionales y no remunerados, empleadas domésticas) que, como ya vimos al comienzo del acápite, es de aproximadamente la mitad de tamaño que la parte en activo del proletariado: cerca de millón y medio de trabajadores, siendo sus principales componentes los comerciantes ambulantes: aproximadamente 700 mil; los trabajadores que no reciben pago monetario (normalmente familiares del “empleador”): casi 570 mil; así como las y los empleados domésticos: más de 220 mil. Como hemos dicho con anterioridad, dependiendo del momento en que se encuentre el ciclo de la acumulación algunos de ellos entran y salen de forma intermitente de los mercados formales de trabajo, pudiendo pasar de forma temporal a las filas del proletariado en activo propiamente dicho, poniendo su fuerza de trabajo a disposición directa de algún capital en particular, o a recibir un salario u otra forma de remuneración más o menos regular en algún pequeño negocio con pocas o nulas capacidades de acumulación. Sin embargo, como hemos insistido, en países como el nuestro, en donde la proporción del ejército de reserva es mucho mayor a la de los países centrales, una parte muy alta del subproletariado puede pasar prácticamente la totalidad de su vida laboral bajo esa condición, como lo ha documentado Pérez Sáinz (2014: 115 y ss.) para el conjunto de América Latina, resumiendo esa condición estructural del capitalismo regional como la del trabajo que no deviene empleo. Por tanto, las cifras expuestas no hacen sino ratificar de forma empírica la sentencia teórica marxiana que encabeza la presente sección: la acumulación del capital es acumulación del proletariado, pues este último es la condición sine qua non para la existencia del primero. Así, más que un ingenuo adiós al proletariado, lo que tienen por delante las investigaciones sociales es el enorme reto de dar cuenta de las condiciones de trabajo y de existencia de cada una de las diferentes fracciones y estratos de ese enorme contingente profundamente heterogéneo de seres humanos que conforman el proletariado en el Ecuador.


Bibliografía


Antunes, R. (2013). Los sentidos del trabajo. Ensayo sobre la afirmación y negación del trabajo (segunda edición ampliada). Bs.As.: Editorial Herramienta.


Archetti, E. y Stolen, A.K. (1980). Burguesía rural y campesinado en la Sierra ecuatoriana. Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, 34, pp. 57-82. DOI: 10.3406/carav.1980.1502


Cajas, J. (2015). Clases sociales, desigualdad y subempleo en el capitalismo subdesarrollado. Tesis de Maestría en Economía del Desarrollo. Quito: Flacso.


Olin Wright, E. (1994). Clases. Madrid: Siglo XXI.


Pérez Sáinz (2014). Mercados y bárbaros. La persistencia de las desigualdades de excedente en América Latina. San José Costa Rica: Flacso.

[1] En la formación social ecuatoriana del siglo XXI la clase terrateniente histórica ha prácticamente desaparecido como tal; sus herederos transitaron por un largo periodo de modernización, convirtiéndose en auténticos burgueses agrarios, a lo largo del último medio siglo. Por la cantidad de tierra que poseen y la diversificación de sus negocios, bien vale la pena referirse a algunos de ellos con la denominación de “burguesía terrateniente-industrial”, como ya fue sugerido por la pionera investigación de Archetti y Stolen (1980), o con la más contemporánea y usual denominación de capitalistas de los agronegocios.


[2] Los tres criterios ordenadores de Cajas (2015: 28 y ss.) son: relaciones de empleo/dependencia (patrón, asalariado, cuenta propia…); ramas de actividad económica (productivas/no productivas) desde el punto de vista de producción de plusvalor; jerarquías de ocupación (ejecutivos, empleados de cuello blanco y azul, administrativos, etc.).


[3] Salarios que no solamente son los más altos de toda la jerarquía de empleados, sino que suelen acompañarse de otro tipo de remuneraciones (bonos, acciones, etc.).


[4] Un indicador indirecto de cómo ha crecido el proletariado en términos relativos durante el ciclo de auge ecuatoriano de la última década puede verse en el AG.9 en donde se muestran cifras sobre la evolución del empleo asalariado sobre el empleo total. Si bien no todos ellos son parte de aquella clase, sí lo son la mayoría (excluyendo a los empleados públicos y otros asalariados que no laboran para el capital, como los trabajadores domésticos, etc.).


[5] Cifra que incluye al pequeño número de ejecutivos y administrativos (8,5% de los empleados, aproximadamente) que laboran en el sector privado, por lo cual la lectura de los siguientes datos debe tomar en cuenta esta indicación.


[6] Al igual que lo acotado en la nota anterior, acá también se incluye una pequeña fracción de directivos y administrativos.

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