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¿Y DÓNDE ESTÁN LAS CLASES TRABAJADORAS? Notas para una etnografía del Primero de Mayo del 2018

Actualizado: 15 de may de 2018


Panorámica General de la Marcha del 1 de Mayo a la altura de la calle Guayaquil. Afiliados al Seguro Social.

Estas notas han sido escritas como parte del registro de la marchas de los trabajadores de Primero de Mayo, en el marco de un estudio más amplio correspondiente a la relación organizaciones sociales-Estado.


Las notas registran el acompañamiento de la marcha laboral en Quito desde las 10:00 hasta las 13:00 horas, efectuando el recorrido en la manifestación en sentido inverso, desde la plaza de San Francisco – punto de llegada – hasta San Blas -cola de la marcha-.


Se calculó unas 20 a 25 cuadras de recorrido y la presencia de unas 20.000 personas.


Las presentes notas se presentan con un breve bosquejo del contexto político, así como los principales rasgos del ciclo de conflictividad actual, la composición social de la marcha, los gremios presentes y el tipo de consignas coreadas. Al final de la nota, y a modo de conclusiones provisionales, se plantean algunas observaciones para el análisis.




EL CONTEXTO


Esta marcha se inscribe en el final del primer año de gobierno de Lenin Moreno, lapso que arrancó con la propuesta de diálogo político y culminó en el triunfo del SÍ en la Consulta Popular del 4 de febrero de 2018. La consulta buscaba legitimar el mandato del nuevo gobierno; también este primer año se desplegó el operativo anticorrupción que permitió a Moreno cortar amarras con el régimen anterior. Es una fase de disputas intestinas entre las fracciones de Alianza País, observadas con enorme interés y complacencia por parte de los sectores de derecha.


La coyuntura se cierra con los sucesos en la frontera y el cambio de gabinete con la salida de ministros como Miguel Carvajal de la Secretaría Nacional de Gestión de la Política y Elsa Viteri de Economía y la llegada de Richard Martínez, Presidente del Comité Empresarial Ecuatoriano a Finanzas y del Gral. Jarrín de Defensa, que muestran un nuevo equilibrio de poder en el gobierno claramente favorable a la derecha[1]. También el ascenso del tándem Roldan- Julio C. Trujillo, desde el interior del gabinete y desde el Consejo de Participación, tienden a desarmar el tinglado institucional de la Revolución Ciudadana.



En los últimos meses es posible consignar señales de que el capital político acumulado por el gobierno de Moreno en la consulta empezó a dilapidarse con el conflicto entre dos de sus alfiles: la destitución de José Serrano, el hombre fuerte que unificó el bloque parlamentario y la salida del Fiscal General de la Nación, Carlos Baca, quien pusiera tras las rejas a Jorge Glas. Moreno no logra imprimir un rumbo claro al gobierno, pues mantiene algunas políticas económicas y sociales del anterior periodo, pero al mismo tiempo entrega los ministerios de la produccion a los empresarios y alienta el desarme de la institucionalidad que se construyó desde la Constituyente del 2008, bajo presión de la derecha.


Mientras tanto el sector correísta siguió a la defensiva, alineándose con Glas y luchando por el reconocimiento legal, a partir del significativo porcentaje de los sufragios que obtuvo el NO en la Consulta. El movimiento social giró en torno al Estado y la orientación del régimen, pero hay signos de que el debilitamiento de la actoria estatal y la división en Alianza País se está reflejando en un mayor fraccionamiento de sus bases organizadas.


Otro elemento que caracteriza la coyuntura es la remozada presión ejercida por los sectores empresariales para provocar un giro en la política económica del actual gobierno, lo que han conseguido con la llegada de Martínez. Mientras el régimen se abre al mercado es probable que se concrete un ajuste fiscal y se ponga en duda la continuidad de la inversión social. La entrega en bandeja de la política económica implicara una mayor apertura comercial y reformas que benefician al capital privado –en el campo tributario, laboral y de la seguridad social-. El aumento del precio del petróleo a 70 dólares (Mayo, 2018) ha sido un acicate de la recuperación económica, con un crecimiento de más del 3% PIB en el 2017, crecimiento que sin embargo no logra sacar del estancamiento a los sectores productivos como la agricultura de consumo interno y la construcción que son los que generan empleo.


También incide en la coyuntura el cambio de ánimo de la población. La incertidumbre se ha instaurado como resultado de la mengua de la “locomotora del progreso” representada por un Estado, conducido por un liderazgo fuerte en un ambiente de expansión del consumo y crecimiento de las capas medias. Bajo la batuta de Correa y Alvarado la población supuso que estábamos viajando por los rieles del desarrollo para alcanzar el Buen Vivir. La verdad es que la inmensa ilusión construida con el protagonismo estatal y mediático comenzó a perder brío con la crisis del precio de los comoditties en el 2014, lo que produjo las primeras bajas en el bloque de la Revolución Ciudadana con el distanciamiento de las capas medias. La irrupción de una elite rentista ensamblada con el Estado, que utilizó formas irregulares de acumulación, terminaron por desprestigiar a la Revolución Ciudadana, provocando como contrapartida el desencanto de la población y el desconcierto frente al futuro.


Sin duda el asesinato de tres periodistas de El Comercio por grupos vinculados al narcotráfico ha sido otro elemento clave que acentúa la incertidumbre. Este hecho ha sacado a la superficie problemas que han permanecido “ocultos” tales como el tráfico de drogas, la logística de la industria del narco, las cadenas de exportación y el lavado. “Alias Guacho” ha mostrado que Ecuador no tiene frontera con Colombia sino de una franja territorial de 600 km. de extensión y de 30000 km.2 ocupado por bandidos, franja que va desde el Pacifico hasta la Amazonia y donde el Estado Colombiano se encuentra decenas de kilómetros más al norte, en torno al poliducto trasandino.


Un rasgo de largo plazo que hay que tomar en cuenta cuando se analiza la conflictividad social es el declive de la lucha social desde inicios del siglo. Este declive tiene que ver también con la crisis del movimiento indígena, el debilitamiento del sindicato de maestros y de los trabajadores estratégicos, que protagonizaron la lucha contra el neoliberalismo. El feriado bancario que produjo la estampida migratoria y posteriormente los procesos de movilidad social ascendente producto de la expansión económica y de la inversión social, así como la acelerada urbanización, contribuyeron a la trasformación en la composición de los grupos populares. En términos del ciclo de protestas eso se reflejó en una presencia relativa de los trabajadores públicos, con una marginación de los obreros industriales. Otros sectores con un papel relativamente importante fueron los sectores barriales y cívico regionales, mientras los grupos campesino-indígenas y estudiantiles solo aparecieron coyunturalmente en momentos en que se intensificaba el conflicto. En cuanto a los contenidos hay que tomar en cuenta tanto la importancia de los temas ambientales, así como la politización e intensificación de la conflictividad política en momentos pico en torno al golpe del 30S en el 2010 o en el 2015 en torno a la marcha de las banderas negras y en contra de la Ley de Herencias, con presencia de sectores medios influidos por la derecha[2].


Hay que señalar que ese declive es paralelo al persistente debilitamiento de las izquierdas que no lograron una presencia política consistente en la década anterior. Los núcleos que apostaron por Alianza País (PSE, MIR; PCE, Coordinadora de movimientos sociales) se fraccionaron en el heterogéneo bloque correista, limitándose a apoyar ciertos aspectos nacionalistas y distributivos de su programa. Los núcleos de la izquierda tradicional (PCMLE, fracciones del socialismo) y los sectores indígenas y ecologistas tampoco lograron construir una oposición coherente, y disolvieron sus propuestas programáticas en la lucha “antidictatorial”, en donde varios terminaron apoyando la candidatura del banquero Guillermo Lasso. En general las izquierdas perdieron su capacidad contra hegemónica, desfigurando sus ejes ideológicos y políticos. Ello incidió también en el ciclo de protesta de la década anterior.



EL PRIMERO DE MAYO


La marcha del FUT del Primero de Mayo del 2018, mantuvo una cierta convocatoria, pero se mostró dispersa en cuanto su orientación, organización y consignas, sin presentar una propuesta clasista ante la coyuntura, en este caso la política económica o las reformas aperturistas en curso. Esa dispersión es una expresión crónica de un movimiento que no tiene clara agenda programática y que sufrió una fuerte división interna durante la última década.


La manifestación encabezada por la dirigencia sindical (FUT-CEDOCUT-CEOSL) y la presencia de Julio César Trujillo Presidente del Consejo de Participación Ciudadana Transitorio. Atrás se observa a la concejala Carla Cevallos.

Fue una marcha ritual donde los trabajadores de base participaron de manera pasiva. Por lo general los agitadores repiten las consignas acostumbradas, mientras portan elementos simbólicos e ideológicos propios de la izquierda del siglo XX, sin dotar a los mismos de contenido significativo para los problemas de la actualidad. Incluso físicamente, los pelotones de una y otra central se distanciaban con una presencia dispersa de los actores que han puesto el dedo en las cuestiones críticas en los últimos años (indígenas, mujeres, ecologistas, etc.).


Otra muestra de ello fue la división de la marcha entre un grupo de inspiración radical maoísta - el Movimiento Vientos del Pueblo - congregado en la Plaza del Teatro y la del FUT en la plaza de San Francisco. En varias ciudades, como el caso de Guayaquil e Ibarra, se dieron también dos marchas, una del FUT, el frente tradicional de las centrales sindicales y otra de la CUT, el frente organizado por el gobierno anterior y que hoy sigue la línea Morenista.


Fue significativo que en la primera escuadra desfilen los dirigentes del FUT con Julio Cesar Trujillo, Presidente del Consejo de Participación Ciudadana Transitorio. Desde el punto de vista analítico, llama la atención la centralidad de la figura de Trujillo – un antiguo dirigente conservador y luego demócrata cristiano - en la marcha. El CPCCS T constituye un frente político desde donde se disputa actualmente la descomposición de la institucionalidad del anterior régimen. La presencia de Trujillo intenta legitimar la actuación del CPCCS Transitorio revistiéndolo de un cariz de sociedad civil en el poder. Resulta curioso que el respaldo político a Trujillo ocupase la palestra eclipsando las reivindicaciones clasistas y sindicales.


Luego venían las bases reducidas de las centrales sindicales: la CEDOCUT y la CEOSL con varios sindicatos fabriles y trabajadores del Estado. Fue significativo que los grupos más grandes marchen con la UGTE, el sector más numeroso de la marcha con trabajadores provenientes especialmente de los sindicatos públicos. Allí estaban los trabajadores municipales, universidad central, un grupo reducido de la exUNE, trabajadores de la salud y otros sindicatos públicos.


Otros grupos con relativa presencia fueron la FENACOMI, Federación Nacional de pequeños Comerciantes y Los Sin Vivienda, con cerca de tres mil personas cada uno. Al final se encontraba algo aislado el grupo de la Revolución Ciudadana y varios colectivos que gritaban consignas relativas al gobierno: “Se Busca Presidente”, coreaban, junto con consignas que , remarcan la posición nacionalistas con un monigote de Trump representado al imperialismo norteamericano.



La FENACOMI, representando a los comerciantes minoristas, uno de los bloques más nutridos de la marcha.

También estaba el sector de Vientos del Pueblo, que se concentró en la Plaza del Teatro luego de la marcha, como muestra de “rechazo a la burocracia sindical” concentrada en San Francisco. El grupo voceaba consignas de contenido ideológico en torno al socialismo y el antiimperialismo.


En medio de la marcha y en varios puntos se notó la presencia de grupos de mujeres, ambientalistas, cristianos, algunos sindicatos independientes como SOMEC, barrios como Lucha de los pobres, con una ausencia notoria de los indígenas. También hubo piquetes de familiares de desaparecidos, un grupo de trabajadoras del hogar (UTHA), uno de migrantes “indignados y abandonados, retornados por engaños”, el colegio de médicos o el Frente de liberación de la Justicia.


Como se ha dicho, en términos de composición social, la mayor parte de los marchantes provenían del sector de trabajadores públicos, notándose la ausencia de los trabajadores de sectores estratégicos y de los campesinos e indígenas, que han sido actores claves en las luchas sociales de los últimos veinte años. Fue una marcha urbana con presencia significativa de la UGTE, pequeños comerciantes y pobladores que luchan por vivienda.


En términos políticos la presencia más destacable en número y en propaganda fue la del PCMLE con banderas de Marx, Lenin Stalin. También el movimiento Alianza Bolivariana Alfarista (ABA), un sector identificado con el Gobierno y la vicepresidenta Vicuña con unas mil personas. Por otra parte, el Movimiento Guevarista Tierra y Libertad y el sector de Vientos del Pueblo. Un grupo menor del PCE, otro del MIR y el MRT y un sector identificado con el liderazgo de Correa.



CONTENIDOS


En cuanto a contenidos se pudo identificar varios tipos de mensajes: La marcha comenzaba con varios carteles contra la corrupción: así con un bus con la consigna “Ecuador sin corrupción”, y un chofer voceando consignas contra Correa. Destacó el lienzo con las fotos de los funcionarios enjuiciados por delitos contra los fondos públicos. Un grupo portaba carteles contra la corrupción mientras coreaba “Preso Correa Preso”. Un sindicato portaba en una camioneta una cárcel de madera y cartón con una efigie de Correa y una consigna que decía: “Aquí no habrá perdón ni olvido, f. Correa”. Consignas agresivas estaban presentes en varios carteles como el hombre que portaba uno que decía: “Se busca: maniático- mentiroso-corrupto-pendejo- egonomista-fascista autócrata”.



Sindicato de la Botar (afiliado a la CEDOCUT) con monigote de Correa Preso.

No había una participación activa de los manifestantes, pero si grupos de activistas que voceaban consignas contra la corrupción marcando un tono de confrontación con Correa, aunque sin una posición clara ante los problemas reivindicativos de la población.


Se buscaba identificar el evento con la paz en la frontera y la solidaridad con los periodistas asesinados y en rechazo a “alias” Guacho, un personaje que ha incidido con su presencia en la coyuntura nacional.


Hubo un sector importante de la marcha que levantaba la consigna por la vivienda. Uno de sus líderes manifestó que estaban allí para expresar su demanda, dado que el plan de construcción de casas era una de las promesas de campaña de Lenin Moreno.


Había también consignas dispersas de carácter laboral, contra los despidos, defensa del IESS, reformas a la jubilación. Un cartel reunía varias consignas: No a la privatización del IESS. Respeto a la contratación colectiva, libre ingreso a las universidades. Y también estaban presentes consignas antimperialistas y la consigna mencionada sobre “Se busca Presidente”.



BREVES CONCLUSIONES

La marcha del Primero de Mayo coincide con la finalización del primer año del gobierno de Moreno, pero al mismo tiempo con el desgaste de su propuesta de dialogo y con su giro a la derecha tanto en el cambio de gabinete como a través del Consejo de Participación para desmontar la institucionalidad estatal. Al mismo tiempo los sucesos en la frontera generan un ambiente nacionalista, propicio para el retorno de las Fuerzas Armadas con liderazgo en el gobierno, al tiempo que se produce un nuevo acercamiento con Estados Unidos.


La culminación del primer año se da en medio de la incertidumbre, especialmente por los temas de empleo, y de un desgaste de Moreno que empieza a perder confianza en la población. La división en Alianza País se refleja en un fraccionamiento de las bases organizadas que estuvieron bajo su influencia. En ese marco el FUT y la UGTE que sufrieron la represión del régimen anterior, aprovechan el fraccionamiento gubernamental para insistir en la lucha contra la corrupción, apoyando el operativo del Consejo Transitorio, aunque ello se haga a costa de disolver las banderas clasistas.


En resumen el primer de mayo expresa la continuidad del declive del ciclo de protestas y la transformación de la base social de los últimos lustros, en donde las centrales sindicales han llegado a un acuerdo con los empresarios y han respaldado el giro favorable al capital privado el gobierno de Moreno[3]. Este respaldo de las cúpulas sindicales a la derecha refleja también la descomposición de las izquierdas, que se disolvieron en la década anterior en el heterogéneo bloque de la Revolución Ciudadana o en la ambigua oposición a Correa.


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[1] La verdad es que el vacío de liderazgo dejado por Correa, no ha podido ser llenado por Moreno, pero si podría ser cubierto por las Fuerzas Armadas y por el Gral. Jarrin, que comanda en la zona norte. A ello se suma las presiones del gobierno de los EE. UU para subordinar a Ecuador a su esquema geopolítico, con el pretexto de los sucesos de la frontera. Al momento de escribir estas notas aún no se conoce la composición completa del nuevo gabinete


[2] Esta caracterización del ciclo de protestas se enmarca en un análisis del autor sobre el Registro de conflictividad del CAAP 2007 2017.


[3] El día 13 de Mayo se publicó un acuerdo de las centrales con las cámaras empresariales en apoyo a Julio Cesar Trujillo y el Consejo de Participación.


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