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Entender la austeridad y sus efectos nocivos



Entender la austeridad y sus efectos nocivos

Enfoque de balances sectoriales para evaluar prejuicios empresariales


La austeridad, como política económica, es uno de los núcleos del Neoliberalismo que, en términos muy generales, pregona la reducción al mínimo de la participación del Estado en las relaciones económicas como una panacea, como la solución a (casi) todos los problemas de orden económico. Lamentablemente, su implementación no ha logrado traducir sus predicciones positivas a la vida real, peor aún en condiciones de contracción económica o crisis. A la final, y lo que se ha observado en varias economías (desde los Estados Unidos hasta Grecia) desde la denominada Gran Recesión que arrancó en 2008, y es que la austeridad dificulta la reactivación económica y en muchos casos la empeora. A la larga, siempre terminan sufriendo las personas, pues las condiciones de vida empeoran y en casos como Grecia, se sacrifica el bienestar de generaciones enteras que jamás se recuperarán. Aumenta la pobreza, aumenta el desempleo, se reducen los salarios (aumentando el costo de la vida), aumentan las carencias en bienes y servicios básicos, aumenta la desigualdad y todo genera un clima de empeoramiento de las condiciones de vida. Muchas veces las autoridades no entienden qué sucedió o prefieren echar la culpa a todo, menos a la austeridad.


El discurso de la austeridad, siempre presente en el discurso de la economía conservadora y grupos de poder, ha calado el gobierno de Lenin Moreno, alejándose de los preceptos con los que ganó las elecciones ha decidido implementar programas de ajuste fiscal, llegando a extremos como el de impulsar una ley en la cual se prohíbe de manera expresa que la Asamblea Nacional apruebe un Presupuesto General del Estado con déficit.


Ante esta realidad, nos permitimos usar el enfoque de balances sectoriales para explicar de manera breve y sencilla, pero rigurosa, algunas de las razones por las que la austeridad empeora las condiciones económicas y las condiciones de vida de la gente.


El enfoque de balances sectoriales hace referencia al uso de hojas de balance de distintos individuos o sectores, para ilustrar (y comprender) el funcionamiento de la economía a través de los flujos financieros y stocks que se derivan de las distintas transacciones económicas. Si bien aquí no se explica este método, es importante señalar dos de sus principios que inexcusablemente se cumplen y que son fundamentales para todo análisis económico:

  1. El pasivo de todo agente económico es, necesariamente, el activo de otro agente económico. Lo mismo ocurre a la inversa cuando el activo no constituye patrimonio.

  2. El ingreso de todo agente económico es, necesariamente, el gasto de otro agente económico, y viceversa.

Estos son principios contables que para cualquier contador o auditor resultan obvios, pero a veces el resto de la sociedad (economistas incluidos) no los ve con claridad, o no ve sus implicaciones con claridad. En el presente artículo sobre todo importa el segundo principio.

A nivel macroeconómico existen únicamente tres sectores, ni más, ni menos: el sector público, el sector privado (firmas y hogares) y el sector externo entendido como el resto del mundo. El ingreso nacional (PIB) se lo puede observar desde el gasto realizado por todos estos sectores: consumo del sector privado (C); inversión del sector privado (I); gasto del sector público (G); exportaciones (X) e importaciones (M) hacia/desde el exterior, de esta forma se construye la identidad clásica del PIB:


PIB = C+ I + G + X - M (1)


Por el segundo principio contable establecido arriba sabemos que todo gasto se convierte en una fuente de ingreso, por lo tanto, todo el gasto establecido en (1) se convierte en el ingreso de quienes vendieron sus bienes y servicios en el mercado. A nivel agregado de cuentas nacionales todo este ingreso se usa para consumir (C), ahorrar (S) y pagar impuestos (T). Por esto, el ingreso nacional puede ser también escrito de la siguiente forma:


PIB = C + S + T (2)


Igualando las identidades (1) y (2), que no son más que las fuentes y los usos del ingreso nacional, se llega a la siguiente identidad:


C + I + G + X – M = C + S + T (3)


Reordenando los términos de (3) se obtiene lo siguiente:


(I – S) + (G – T) + (X – M) = 0 (4)


En la identidad (4) están expresados los balances de los tres sectores macroeconómicos:

  • El balance del sector privado (I – S) es positivo (déficit) cuando (I > S), es decir, cuando gasta por encima de sus ingresos, y es negativo (superávit) cuando (I < S), es decir, los ingresos superan el gasto.

  • El balance del sector público (G – T ) es positivo (déficit) cuando (G > T), es decir, cuando gasta por encima de sus ingresos, y es negativo (superávit) cuando (G < T), es decir, cuando los ingresos son mayores al gasto.

  • El balance del sector externo (X – M) es positivo (superávit) cuando un país genera más ingresos por exportaciones que lo que gasta en importaciones (X > M), y es negativo (déficit) cuando el gasto en importaciones supera a los ingresos en exportaciones (X < M).

La identidad (4) permite observar que los flujos financieros en la economía son un flujo cerrado, es decir, que la suma de los tres balances siempre será cero. Otra forma de decirlo es que el déficit de un sector siempre, y necesariamente, es el superávit de otro sector: tal como es imposible que todos los países del mundo tengan superávit comercial al mismo tiempo, al menos uno debe tener déficit para que el resto pueda tener superávit. Poniendo en palabras de los principios contables citados arriba, el gasto de un agente es siempre el ingreso de otro.


Aquí no hay teoría de ningún tipo, son solamente identidades contables con las que difícilmente se puede estar en desacuerdo. Los déficits y superávits de los sectores siempre se cancelan entre sí cuando se considera a toda la economía en conjunto. Hay diversas interpretaciones de la identidad (4) y sus variantes, la que interesa aquí es aquella planteada principalmente por Wynne Godley, Marc Lavoie y muchos otros que, siguiendo el trabajo de personajes como Keynes y Minsky, han desarrollado los “modelos de consistencia stock-flow”.


Bajo esta lógica, se usa la identidad (4) para entender los cambios en el status financiero de cada uno de los sectores de la economía. Por ejemplo, con el balance del sector privado se observa el “ahorro neto del sector privado” que es la acumulación/desacumulación del patrimonio financiero privado en un periodo de tiempo específico. Si el sector privado está tomando endeudamiento neto su balance será negativo y estará en déficit, caso contrario, si no está tomando deuda en términos netos y su gasto es inferior a sus ingresos será “ahorrador neto” y se encontrará en superávit con un balance positivo.


Como se mencionó, a la identidad (4) se la puede ordenar de varias formas para realizar diversas apreciaciones, una muy interesante es la siguiente:


(S – I) = (G – T) + (X – M) (5)


El lado izquierdo de (5) es el balance del sector privado de un país el cual debe ser igual al lado derecho de la identidad que es la suma de los balances del resto de sectores. Por un momento, supongamos que es una economía cerrada o que el sector externo está en equilibrio (X = M), se tendría:


(S – I) = (G – T) (6)


Lo que muestra la identidad (6) es que hay una estrecha relación entre el balance del sector público y el balance del sector privado en un país, y lo que es muy interesante y pasa ampliamente desapercibido es que esta relación es negativa, es decir, para que el sector privado pueda tener superávit (S > I) (ser ahorrador neto) es estrictamente necesario que el sector público se encuentre en déficit (G > T), no hay otra opción (cuando se habla de una economía cerrada). Por el contrario, cuando el sector público logra el ansiado superávit fiscal de la lógica neoliberal de austeridad (G < T), necesariamente el sector privado entrará en déficit (S < I), convirtiéndose en tomador de deuda. Esto es muy sencillo de observar en la identidad (6) y, como se mencionó, esto no se trata de teoría de ningún tipo, son solamente resultados contables de la contabilidad macroeconómica con la que es difícil no estar de acuerdo.


Por lo tanto, la austeridad no solo implica que se achica la economía y que el sector privado tiene menores ingresos[1], sino que adicionalmente se puede llegar a niveles en los que el sector privado comience a tener que endeudarse forzosamente para hacer frente a sus gastos. Aquí una primera y muy importante señal de por qué la austeridad no suele traer los resultados económicos positivos que pretende. Como los flujos financieros de la economía son un sistema cerrado (todo pago viene de alguna parte y va a alguna parte) el superávit de un sector es siempre el déficit de otro sector.


A este análisis hay que incorporar al sector externo (o suponer que no está en equilibrio), pues el mundo en el que vivimos es de economías abiertas. Es importante mencionar que el balance del sector externo no está solamente compuesto por la balanza comercial (X – M) sino que existen otros tipos de flujos financieros desde y hacia el exterior. Todos estos flujos se contabilizan en la balanza de pagos, por lo tanto, para ser más precisos, es necesario tomar toda la cuenta corriente (o su espejo, con signo cambiado, que es la cuenta de capital más la cuenta financiera). Usando la cuenta corriente se puede saber si un país es, en términos netos, receptor o emisor de flujos financieros. La lectura de los balances no cambia, solamente que es más preciso hablar de toda la cuenta corriente que de la balanza comercial. Para incorporar a la cuenta corriente se puede expresar la identidad (5) de la siguiente manera


(S – I) = (G – T) + BalanceCuentaCorriente (7)


Con esta identidad es posible analizar las distintas alternativas para una economía abierta, las cuales se pueden sintetizar de la siguiente forma:

  1. Si se desea alcanzar el equilibrio en el sector público[2] (G = T), resultado también impulsado por la lógica neoliberal de la austeridad, es estrictamente necesario tener una cuenta corriente superavitaria (recibir más dinero del exterior de lo que se envía) para poder obtener el resultado deseado de que el sector privado tenga superávit (S > I) y no necesite tomar deuda para cumplir sus gastos. Si las condiciones económicas, muchas veces del exterior y que no dependen de los países (más aún si son pequeños), hacen que la cuenta corriente sea deficitaria, el equilibrio fiscal ineludiblemente generará déficit en el sector privado, haciendo que firmas y hogares deban convertirse en tomadores de deuda netos y perjudicando su posición financiera.

  2. Si se desea alcanzar un superávit en el sector público (G < T) será mucho más complicado lograr un superávit en el sector privado (S > I), pues el superávit de cuenta corriente primero debe compensar al superávit del sector público y solo en lo que le exceda terminará en el sector privado. Si las condiciones económicas hacen que la cuenta corriente sea deficitaria, el superávit fiscal generará ineludiblemente un déficit en el sector privado de tal magnitud que deberá compensar tanto el déficit de cuenta corriente como el superávit fiscal, generando efectos muy nocivos en la economía.

  3. Si el objetivo es tener un superávit en el sector privado, y la cuenta corriente es deficitaria, se requiere de manera ineludible que el sector público esté en déficit, no hay otra opción.

  4. La única forma de tener superávits en el sector público y en el sector privado a la vez es obteniendo un gran superávit en cuenta corriente, capaz de financiar ambos superávits domésticos.

Las discusiones sobre política pública suelen colocar en el centro de la discusión al balance del sector público, cuando lo que debería interesar es el balance del sector privado (firmas y hogares). El no tomar en cuenta al sector privado comúnmente trae efectos no deseados hacia éste. La lógica neoliberal de austeridad siempre promueve un equilibrio fiscal y algunas posiciones más extremas un superávit. Sin embargo, esto puede traer efectos muy nocivos sobre el sector privado (firmas y hogares) pues, dependiendo del resultado del sector externo, presiona para que el sector privado entre en déficit. Esta es una de las razones por las que las políticas de austeridad tienden a generar problemas económicos y mucho sufrimiento a la gente, pues la pobreza tiende a dispararse y las condiciones de vida a empeorar. Lo peor de todo, a la final, no son las cifras económicas frías, sino el rostro humano de sus consecuencias, en casos agudos se llegan a generar verdaderas economías del desastre social, como en Grecia o como en nuestro país de finales del siglo anterior. Como corolario, muchas veces quienes aplican este tipo de políticas no comprenden qué salió mal.


Hay casos perversos en los que ni siquiera existe un modelo neoliberal de austeridad sino que se ejecutan políticas específicas solo para beneficiar a sectores particulares en detrimento de la economía en general. Este es un caso para analizarlo bajo la lupa de la economía política, lo cual no es objeto del presente análisis.


Por último, es necesario aclarar que el análisis aquí planteado bajo ningún concepto implica que sea deseable mantener déficits públicos de grandes proporciones y permanentes. Para esto hay que analizar otras cuestiones como el financiamiento de los déficits (deuda) y del propio gasto público, el régimen monetario, y las implicaciones colaterales de las herramientas monetario fiscales, lo cual no es objeto del presente análisis. Sin embargo, esto no incide en absoluto sobre las ideas plasmadas en este artículo que como se mencionó no son teoría ni ideología de ningún tipo, son resultados puramente contables con los que difícilmente se puede estar en desacuerdo.

[1] Recordar el segundo principio planteado al inicio de este artículo, el gasto de un agente siempre es el ingreso de otro agente. Por lo tanto, si el sector público gasta menos el resultado directo es que el sector privado (hogares y firmas) tiene menos ingresos.


[2] La última Ley Económica aprobada recientemente en Ecuador (Agosto de 2018) prohíbe expresamente la aprobación del Presupuesto General del Estado con déficit, es decir, el presupuesto deberá tener superávit o estar en equilibrio.

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Con el apoyo de la Coalición Flamenca para la Cooperación Norte-Sur 11.11.11.